The Guardian, uno de los periódicos más prestigiosos de Gran Bretaña (y el mundo) publicó hace unos días un artículo muy interesante sobre un fenómeno que está ocurriendo con la juventud japonesa, que al parecer… ha dejado de coger.

Así que para que ustedes puedan disfrutarlo, decidimos traducir una parte del mismo. No queremos robarle el crédito a la autora del artículo, Abigail Haworth. Ni tampoco al medio. Así que si quieren leerlo completamente y en su idioma original, búsquenlo en el siguiente enlace.

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¿Porqué los jóvenes japoneses han dejado de tener sexo?

¿Qué le pasa a un país cuando sus jóvenes dejan de tener sexo? Japón lo está averiguando averiguar… Y Abigail Haworth lo investiga.

Ai Aoyama es una asesora de sexo y relaciones de pareja que trabaja fuera de su estrecha casa de tres pisos en una calle secundaria de Tokio. Su primer nombre significa “amor” en japonés, y es un recuerdo de sus primeros días como una dominatrix profesional. En aquel entonces, hace unos 15 años, ella era la reina Ai, o la reina del amor, que hizo “todas las cosas habituales”, como atar a la gente y derramarles gotas de cera caliente en sus pezones. Hoy su trabajo, según dice, es mucho más difícil. Aoyama, de 52 años, está tratando de curar lo que los medios de comunicación de Japón llaman sekkusu shinai shokogun, o “síndrome del celibato“.

Los japoneses menores de 40 años parecen estar perdiendo interés en las relaciones convencionales. Millones ni siquiera están saliendo, y a un número cada vez mayor no se le puede molestar con el sexo. Durante su gobierno, el “síndrome del celibato” es parte de una catástrofe nacional que se avecina. Japón ya tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo. Se prevé que su población de 126 millones, y que se ha reducido en la última década, se hunda otro tercio más para el año 2060. Aoyama cree que el país está experimentando un “vuelo de la intimidad humana”; y que en parte es culpa del gobierno.

El signo exterior de su edificio dice “Clinic“. Ella me saluda en pantalones de yoga y zapatillas animal mullido, sosteniendo un perro pequinés que ella presenta como Marilyn Monroe. En su folleto de negocios, ofrece la gloriosa confianza del azar por haber visitado Corea del Norte en la década de 1990, donde le apretó los testículos a un general del ejército. No dice si fue invitada allí específicamente para tal fin, pero el mensaje a sus clientes es claro: ella no juzga.

En el interior, ella me lleva arriba, a su “sala de relajación” –una habitación sin muebles, excepto un futón doble–. “Va a ser silencioso aquí“, me dice. La primera tarea de Aoyama con la mayoría de sus clientes es animarles a “dejar de pedir disculpas por su propia existencia física”.

“El número de personas individuales ha alcanzado un máximo histórico. Una encuesta realizada en 2011 reveló que el 61% de los hombres casados ​​y el 49% de las mujeres de 18-34 años no estuvieron en ningún tipo de relación romántica. Eso representa un aumento de casi el 10% de hace cinco años. Otro estudio encontró que un tercio de las personas menores de 30 años nunca ha tenido una cita romántica (y no hay cifras para las relaciones entre personas del mismo sexo). A pesar de que ha habido durante mucho tiempo una separación pragmática del amor y del sexo en Japón –un país mayormente libre de la moral religiosa–  las tarifas sexuales no mejoran. Una encuesta realizada a principios de este año por la Asociación de Planificación Familiar de Japón (JFPA) encontró que el 45% de las mujeres de 16-24 años de edad “no estaban interesadas ​​en el contacto sexual (o lo desprecian)”. Y más de un cuarto de los hombres se sentían de la misma manera.

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