Les cuento cómo empecé a crear mi teoría entre “las que se hacen y la que no”. Esta entrada no es gráfica, como la anterior. No sé parece en nada a decir verdad. Es una de las tantas conversaciones que me ponen a crear mis teorías de ¿porqué a las mujeres no les gusta tanto el sexo? ¿Porqué en El Salvador es un tabú hablar de ello? Espero que esta página también sea el medio para el necesario debate serio, pues, en lo que cabe. Y también para entradas calientes. No nos mintamos, también son necesarias.

Fresquita, recién entrada a la U, me faltaban tres años para tener DUI, pero ya estaba en primer ciclo. Acostumbrada a mis amigas del colegio, solo de mujeres (que para estas alturas de la vida ya son mis hermanas) y que en conjunto formábamos un grupo de cinco mujeres bien descaradas a la hora de ver hombres.

Ellas y mi adolescencia, mezcla entre inocencia (con fines de semana de ‘piyamas’… ¡Cuál disco ni que nada! Pringles, coca cola y películas como el mejor plan) y el despertar hormonal. Todo ello me empezó a formar. Era usual que los viernes pasáramos horas en Galerías viendo alguna película y comentando cada pantalón que veíamos pasar. Esa fue mi adolescencia, mezclada con un par de noviecitos de mano sudada. Faltaba ratos para que entrara más en práctica y en calor.

Aprendí a comentar hombres con toda libertad y a apreciarlos a lo lejos, sentir placer solo con verlos caminar. Aprendí a encontrar el gusto de ver sus espaldas anchas y sus brazos. Apreciar sus manos cuadradas y ser una fanática declarada de la barba de dos días. ¡Cosa tan guapa! (lo bello que me parece una barba puede ser motivo de otra entrada). Las cejas gruesas, mirada rápida. Ver a mis amigos jugar fútbol (tengo la teoría de que si te gusta sudado, te gusta de verdad). Aquello se convirtió en hábito. Apreciar a los hombres solo por el gusto, no porque sentimentalmente o incluso físicamente quisiera algo con ellos. Solo por el simple hecho de verlos existir. Es una maravilla observarlos, un placer estético, parecido a cuando uno disfruta de una canción. Solo porque sí, sin buscar más finalidad que apreciar la belleza. Leer hombres con cerebro o verlos opinar con pasión lo que piensan es otro nivel de adicción (para otra entrada les ecribiré sobre los amores platónicos intelectuales). Lo sigo haciendo y volvería a nacer mujer solo por seguir experimentando la belleza masculina.

Regresando a la U y la cafetería, ese lugar capaz de hacernos explotar las hormonas. Sentada en una mesa con mis nuevas compañeras de la universidad, apreciaba a este guapo (no lo era tanto, pero me gustaba) de Ingeniería Industrial. Me encontraba escuchando la plática y al mismo tiempo apreciando al tal desconocido (nunca le hablé, era solo verlo). Pero alguien se fijó en que yo estaba presente/ausente:

– Hey, tierra llamando a Iberia.
Sí, perdón, disculpa, qué me decías.
– No, nada, pero qué te distrae tanto.
El chero ese de ingeniería. No volteen a ver todas al mismo tiempo vea, disimulemos (le hubiese dicho esto a mis amigas del colegio y provocaba cuellos como si fueran la niña del exorcista).
– Ah, estás viendo a un chero.
Sí, el alto ese.
– Pero por qué.
¡Porque es guapo!
– Sí, pero qué tiene.
¿Cómo que qué tiene? ¡Es guapo!
– Sí, pero ¿que lo conoces? ¿Querés aplicar con él o cómo?
No, simplemente es guapo.
– Sí, pero no entiendo qué ganás con verlo.
En serio, ¿qué gano con verlo? ¡Pues verlo!
– Eso es lo que no entiendo, ¿para qué lo ves si no querés nada con él?
Pues porque me gusta. No entiendo por qué a vos no te gusta verlo.
– O sea (lo ve) sí. Está guapo, pero no encuentro qué se gana en ver hombres solo por verlos. No hay punto.

☁︎☂☀︎★

El resto del grupo (éramos 7 mujeres en la conversación) coincidió con la otra chera. Y me gané fama de ‘horny’ (a mucha honra).

Nunca lo entendí Han pasado ocho años desde aquello, pero sigo anonadada. No estoy diciendo que todas las mujeres sean así, pero he encontrado una causalidad entre el gusto de ver hombres por placer y la exquisitez de gozar con un hombre en la cama (disculpen, mi alma busca relaciones entre sí).

Me hace lógica la pregunta: ¿cómo muchas mujeres van a buscar gozar de un cuerpo de un hombre si no gozan de solo verlos ser? Busquen mujeres que les guste ver a los hombres por puro y llano placer, aunque ellas nunca quieran aplicar con ellos. Pero a este tipo de mujeres nos gusta más gozar en la cama, porque nos sentimos satisfechas de poder llevar el gusto a la acción. En serio nos llena. Conste, esto es empírico. No es fórmula de Newton.

¿Qué ocasiona esto? No tengo idea. Creo que sí le echo un poco la culpa a esa crianza absurda (de la que yo fui en parte víctima) de que “las señoritas no expresan nada que le provoquen las hormonas”. Como que lo ideal es aplacarlas y esconderlas.

PÉ-SI-MO.

Esta entrada no creo que haya calentado a nadie, pero espero que no todo sea subirle la temperatura a la gente. También hay que pegarle un poco de coco al asunto, hay que meterte neuronas a la cama. Bien dicen que el órgano más importante en el sexo es el cerebro.

PD: en las siguientes entradas contaré mis experiencias como amiga de una que parece, pero no es. Y en otras seguiré contando mis experiencias sexuales.

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