Cuando recuerdo las conversaciones que tenía con mis compañeras del colegio, en bachillerato, sobre sexo y temas afines, siempre revivo aquella frase de una de mis amigas: “Dios nos dio el pene y la vagina para tener sexo y reproducirnos; la boca nos la dio para comer y algunas veces para besar“. Y de hecho, siempre que lo recuerdo, no puedo evitar reírme.

A estas alturas de mi vida, no concibo cómo una mujer pueda decir que no le gusta, que no disfrutaría o que no haría jamás sexo oral.

Seamos sinceras, las mujeres (y de verdad espero que la mayoría) disfrutamos de sentir una lengua masculina (o femenina, según los gustos de cada quien) bajando lentamente por nuestro abdomen hasta llegar al clítoris y moverse aumentando poco a poco la velocidad, en muchas ocasiones hasta hacernos llegar a uno o varios orgasmos.

Y a la inversa es igual.

Personalmente disfruto la idea de tener una verga entre mis manos, meterla en mi boca y chuparla despacio, con pequeñas mordidas, pasando mi lengua y aumentando la intensidad hasta sentir todo el semen de ese hombre en mi boca.

No comprendo hasta el momento cómo hay mujeres que ven como una humillación tener que practicar sexo oral a su pareja. Generalmente no puedo resistir a tener en mi boca una verga que tenga un olor rico, limpio, que tenga un sabor rico y cuyo semen también sea rico.

En mi opinión, una mujer de rodillas y con una verga en la boca no está humillada. Todo lo contrario. Una mujer de rodillas y con una verga en la boca tiene todo el poder en ese momento. Es como tener a un hombre dispuesto a dejar que hagan lo que sea con su verga. La mujer decide chupar más o menos fuerte, morder, cuándo parar y cuándo aumentar la velocidad.

En resumen: hombres y mujeres podríamos aprender que la boca se hizo para algo más que satisfacer la necesidad fisiológica de comer o la necesidad de besar.

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