Por las mejores cogidas con los hombres que uno hace click (esos por los que se muere de ganas de estar, verlos y emborracharse solo de pensar sus manos sobre uno… Tanto que querés rasparte los labios al besar su cuello lleno de barba, y querer morder sus labios). Cuando te morís de ganas de provocarle sonrisas y querés modelarle alguna pieza especial para dejarlo sin aliento. Mandarle un mensaje que te morís de ganas de estar con él, cuando sabés que no se puede salir de la oficina. Y saber que él está anticipando cada minuto para salir corriendo de allí e irte a buscar para quitarse las ganas de un solo en el carro.

Pero creo firmemente que todo eso no puede pasar –ni coger bien– con sus “peor es nada”.

Whatsapp, como las 8:30pm.

–¿Qué ondas Iberia? –preguntó mi amiga.

–¿Qué ondas vos? ¿Y ese milagro? –respondo, luego de un año de no hablar entre nosotras.

– Por acá… _____________ (inserte aquí la conversación de circunstancias de tiempo sin hablarse).

Y después de pedirme el favor que necesitaba….

–¿Y eso vos? ¿Porqué te cambiaste de trabajo? –le pregunté.

–Ay Iberia. Es que demasiado trabajar bajo las órdenes de mi novio y luego regresar a la casa a seguirlo viendo–, me dijo, mientras yo reflexionaba en que hay que pensar bien eso de meterte con el hijo del dueño al que veías como tu “peor es nada”, después de que cortaste con tu encule real–. Así que no. Mejor me cambié de empresa, así nos damos menos verga, aunque igual nos seguimos peleando. Hey… hablamos después, nos vemos mañana…

Al día siguiente, en un café mientras le entregaba lo que me pidió:

–Uy, ¡qué mal trip vos! Pero no pensás en separarte ahora que es más fácil. No están casados –pregunté.

–¡Uy! Y cómo me voy a ir. Voy a estar sola –dijo, y yo vuelvo a pensar: estar sola no es pecado– ¡Qué raro fuera regresar donde mi mamá!

–Mirá. Fuera más fácil, así de un solo (tu mamá) te cuida a tu hijo sin que vos se lo tengás que ir a dejar todos los días.

La volteó a ver mientras caminábamos. Su 90-60-90 en su 1.60 que traía loco a todos los hombres en la U estaba intacto. Después de un niño de nueve meses (y yo con mi eterna batalla con el sobrepeso), le envidio ese metabolismo. Si no hago ejercicio, engordo fácil, pero a pesar de las libras extras tengo buena forma.

–Puta vos, ¿cómo le haces para estar así de delgada y con un niño? –le pregunté.

–Iberia, si yo cuido cada caloría que entra en mí – dijo, mientras volteó a ver el frozen lleno de cafeína y azúcar que yo tenía en la mano–. Es lo que más me cuido para que __________ (inserte nombre del novio) no me deje. Si mi cuerpo es lo que más le atrae.

–¡Puta! ¡Tenés paranoia de que te deje! ¡Dejalo vos! Total, a vos te salen rápido. Por estar sola no te preocupés. Si todos los días los hombres que pasan se pelean por vos. Acaso siquiera él cogiera bien,  pero decís que no.

–Al rato de pelearnos me toca ceder y coger con él –dijo ella, y yo dudo que esas sean cogidas con ganas de tu parte chava–. Ni modo, por eso me cuido tanto. Él me mantiene, prácticamente.

–Chava. Es en serio. Dejalo. Ganás bien en tu nuevo trabajo. Al final del día, él no te trae paz. Ni que sintieras atracción por él.

–Ya voy a hablar con mi mamá. A ver qué ondas –dijo ella, mientras yo pienso: ajá, sí, cómo no–. Chao Iberia. Gracias por las cosas.

Eso pasó hace unos seis meses. Obvio, siguen juntos. Así que queridos: esta es una oda a la soltería. Más vale paz al final del día y, ni modo, tener esporádicos encuentros y alimentarse uno mismo. Uno coge mejor cuando siente real atracción por el susodicho. Uno se pone a pensar cómo complacer a su hombre cuando uno tiene atracción, pero no con los “peor es nada”.

 

¡Salud por la soltería bien llevada!

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