Durante la conversación de poco más de una hora (en la que hablé más de lo normal), solamente pensaba en el sabor de sus besos, en morder sus labios y meter mi lengua en su boca, en enredar mis dedos en su cabello, pero decidí no arriesgar y esperar a que él diera el primer paso.

Platicábamos de todo un poco, nos conocíamos mientras disfrutábamos unas copas de vino. Era nuestro primer encuentro planificado. Nos habíamos encontrado en dos ocasiones anteriores por casualidad en lugares donde al parecer estábamos destinados a chocar. No cabe duda que el mundo es un pañuelo y esos encuentros solo aumentaron mi ansiedad.

En la función de cine que siguió tras las copas de vino, no dejaba de pensar en aprovechar la oscuridad de la improvisada sala para deslizar mi mano por sus piernas hasta llegar a su verga y acariciarla suavemente… Pero de nuevo me abstuve.

Aunque tener un encuentro íntimo era un tema del que ya habíamos hablado y sobre el que ya habíamos insinuado algunas situaciones, no pude evitar sentir nervios cuando terminó la película y teníamos que decidir qué hacer. Una opción era ir a algún bar a tomar algo; la otra era comernos el uno al otro. La decisión no fue difícil.

Entramos al cuarto y me senté en la cama. Se acercó. Me puse de pie para besarlo y rocé mis dedos por su cabello.

Se sentó en la cama mientras nos besábamos, reconociendo por primera vez los labios del otro. Yo bajaba por su cuello, lo besaba, pasaba mi lengua, mordía suavemente sus orejas y bajaba con mis manos por su pecho.

Cuando se acostó en la cama me deshice de mis tacones y me subí en él mientras le quitaba la camiseta. Comencé a bajar por su pecho con mis labios hasta tocar el bulto que poco a poco se iba formando entre sus piernas y con mi otra mano empecé a desabrochar mi propio pantalón. Mi ansiedad por tenerlo dentro de mí era cada vez mayor.

La ropa nos duró poco. Yo no dejaba de pensar en tener su verga en mi boca, así que bajé lentamente hasta ella. Pasé mi lengua y la metí toda, chupando despacio y aumentando la velocidad, mordiéndola a veces y sintiendo cómo crecía.

A medida pasaba mi lengua por su verga, imaginaba lo que venía. Deseaba que me penetrara con fuerza, sentirlo dentro de mí. Así, acostado como estaba en la cama, subí en él y dejé que entrara lentamente en mí. Me moví despacio, como si bailara con su verga dentro. Aumenté la velocidad poco a poco. Me movía rápido y me excitaba al ver su rostro.

De pronto paramos. Me hizo caminar hacia una de las paredes donde había un espejo, apoyé mis manos en él y me penetró fuerte, podía sentir toda su verga entrando y saliendo mientras gemía. Tiraba de mi cabello con cada impulso para penetrarme y apretaba mis senos.

Regresamos a la cama y me penetró de torito. Yo había deseado eso desde el primer momento en que lo vi y disfruté cada centímetro de su verga. Gemía mientras me daba nalgadas que me hacían excitarme cada vez más.

Aunque me excitaba sentirlo así, quería estar de nuevo sobre él, moverme a mi antojo y disfrutar su cara de placer mientras movía mis caderas.

Lo llevé hasta el sofá y lo obligué a sentarse, mientras subí nuevamente en él y dejaba que otra vez su verga entrara en mí. Comencé con movimientos suaves, movía despacio mis caderas sobre su verga y aumenté la velocidad. Gemíamos y sudábamos cada vez más.

Podía sentirlo excitado, a punto de terminar. Yo arañaba suavemente su espalda, mordía su cuello, me movía rápidamente mientras sentía la presión de sus manos en mis caderas.

Subí la velocidad hasta que terminó dentro de mí. Disfruté ver su rostro de placer. Me moví despacio mientras respirábamos de manera acelerada.

Nos quedamos en la cama por unos breves minutos, sonriendo, intentando que nuestra respiración regresara a la normalidad.

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